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domingo, abril 24, 2011

Paraíso en la ciudad

La feria más esperada por mí en todo el año, es todo taaan perfecto, los sonidos ofreciendo variedades, pidiendo acercarte, los colores chillantes anunciando cientos de opciones para materializarlas en sabores, en olores, en texturas que frías y suaves entran por la boca y llegan hasta el corazón. Los sueños, mis sueños hechos realidad por unos cuantos días y en la Ciudad de México: La Feria de la Nieve!


Del 16 al 26 de abril de 2011, el pueblo de Santiago Tulyehualco en la delegación Xochimilco se convierte en un carnaval que desata pasiones gustativas, orgasmos de sabores en cada probada de ese elixir de hielo y sabores infinitos e increíbles, las nieves, que desde las clásicas hasta las más bizarras están para deleitar a todos los gustos...


Sí, llegar requiere de preparación mental y resistencia física para soportar las horas de camino, que parecen interminables entre el tráfico provocado por la lenta circulación a causa de las obras de la nueva línea del metro en la única avenida (Tlahuac) que llega directo al oasis de sabores en el caluroso desierto de concreto, la ciudad.

Recomendaciones para el viaje de aproximadamente dos horas a partir de metro Taxqueña (donde salen los peseros que dicen Tulyehualco), si viajan en el pesero ir acompañados de grata compañía, con alguien que tenga amena plática, sepa chistes o tenga que hacer una confesión, es el tiempo necesario para irse entretenido y no pasar todo el camino escuchando la música del conductor; si van en auto, lo contrario, recomiendo una buena selección musical y dejarse llevar por la maravilla del paisaje que va de lo urbano a lo rural, pasando por los pintorescos pueblos de la capital.



Llegar no es tan fácil, pero el resultado vale la pena, supera todos los esfuerzos encontrarse en este idilio, cercanía con el amor, el desborde de los sentidos, éxtasis, fue mi único sentir en este ritual que como cada año me lleva al encuentro con mis más grandes pasiones... 


 F E L I C I D A D 


C:

sábado, septiembre 19, 2009

En la estación del Metro Balderas

Hoy se cumplen 24 años del Terremoto del 85

Muchas vidas y muchos sueños se perdieron ese día

Y ese día perdimos a una de las más grandes promesas del rock mexicano

Un gran soñador y revolucionario en la música:

ROCKDRIGO GONZÁLEZ

Un grande al que sigo admirando, aunque cuando él se fue yo todavía no había nacido

Pero aun así su música ha influido en mí

Un homenaje aunque sea en este blog (ya que a muchos se les ha olvidado)

A este ilustre de la canción rupestre



Rockdrigo para siempre en la música rupuestre...






La canción emblemática del Metro Balderas, compuesta por Rockdrigo, recordada hoy en su aniversario luctuoso, y reiterada por la balacera que hubo ayer en ese mismo sitio, muy cerca de la placa en homenaje a Rockdrigo, hubo dos muertos y varios heridos, el metro balderas, donde han pasado tantas historias, donde Rockdrigo nos contó su historia, fue también el lugar de confusión, terror y muerte apenas hace unas horas...



Descansen en paz las personas heróicas que trataron de detener a ese maldito fanático religioso, desde aquí también se les rinde un homenaje.

viernes, mayo 22, 2009

Paraguazos en el metro

Ayer iba con Susana en el metro, platicando en los últimos chismes cuando...

Una señora se puso a amenazar a la gente con su paraguas de punta filosa, amenazando primero al señor de los discos, que acababa de subirse y empezaba a promocionar su música a todo volumen, parece que eso le molestó a la señora y chin... que suelta los paraguazos al hombre del sonido, jojo...

Luego otra señora (que al parecer trató de defenderlo) fue la segunda víctima de la peligrosa arma-accesorio de la señora loca que gritaba que iba a quedar sorda con el ruidero...


Mis impresiones:

1. Hasta que alguien se les puso al brinco a los ambulantes del metro, ya que ni las autoridades les ponen un alto.

2. Jaja... qué manera más graciosa de hacerlo, la señora histérica, dando paraguazos a todo el que se le pusiera enfrente.

3. ¿Cómo le iba a hacer si en cada estación se sube un tipo de esos con su ruidazo?

Desafortunadamente tuve que bajarme en la siguiente estación y sin saber la respuesta, tal vez siguió dando paraguazos a todo aquel ambulante que se pasara por ahí...

lunes, marzo 30, 2009

UN VIAJE

CRÓNICA DE UN DÍA NORMAL EN EL TRANSPORTE PÚBLICO.
Salgo de mi casa y respiro hondo, como todas las mañanas voy a adentrarme en las entrañas de un mundo surrealista, casi onírico, me preparo para un viaje entre la realidad y la sorpresa, una sorpresa que de tan cotidiana se vuelve natural.

Tomo el micro que me lleva al metro y mientras le pago al conductor hago malabares para agarrarme del tubo más cercano con una técnica que no sé dónde aprendí, en fin, puedo sostenerme e irremediablemente caigo sobre un asiento chipotudo, ya estable es cuando me doy cuenta de lo que pasa a mi alrededor.

Son como las 8 de la mañana, una hora en donde la mayoría de las personas que se encuentran en el transporte público van a sus trabajos, hombres de traje y mujeres impecables, en el aire se respira la conjunción de aromas a perfumes, acondicionadores, desodorantes y colonias recién puestas.

Una mujer sentada frente a mí se enreda un enorme tubo en su cabello,
su cabeza se ve un tanto deforme con esa protuberancia, pero a ella parece no importarle porque en seguida saca un espejo y cuchara y se enchina las pestañas con tal habilidad que podría hacerlo hasta con los ojos cerrados, literalmente.

Otra mujer, con traje sastre café claro, zapatos negros de tacón y el cabello chino recogido en una cola de caballo, deja la silueta de unos labios carmesí marcados en la mejilla de su acompañante mientras le dice “nos vemos a las tres, no llegues tarde” y toca el timbre para bajarse apresuradamente.

Fue entonces cuando tuve que bajarme del micro y arribar al metro, ese gigante que lleva en su interior millones de historias, algunas tan fantásticas que serían difíciles de creer, pero cualquiera que ha entrado en él sabe que cualquier cosa puede pasar. Entonces me pongo a recordar aquella vez que vi a un señor que perdió su zapato en las vías, o cuando una botella entró velozmente por una ventana abierta, provocando una gran explosión de cristales al hacerse añicos, mientras un hombre se apretaba la mano que le sangraba debido a un trozo de vidrio que se le había encajado en la piel y la gente volteaba indignada por ese acto violento de alguna persona escudada en el anonimato.

Así mientras voy recordando, avanza el metro, recorre apenas cuatro estaciones y tengo que bajarme, para esta vez subirme a un camión, de esos blancos que pasean en contraflujo por la Avenida Ermita Iztapalapa. Extrañamente encuentro desocupado un lugar y me apresuro a sentarme, mientras acomodo mi bolsa veo subir a un chico que me inquieta cada vez que lo veo subir al mismo camión en dónde viajo.

Es un chico de unos 25 años, con el cabello largo hasta la cintura y rebelde como él parece ser, usa pantalones guangos y trae consigo una guitarra y una armónica al cuello al estilo Dylan, trae puesta una playera con el logo de LED ZEPPELIN, eso me agrada, pero su aspecto en realidad no es muy amigable, tiene mirada penetrante que yo trato de evitar sacando un libro de mi bolsa y abriéndolo en donde se ha quedado el separador.

Comienzo a leer y él comienza a hablar: “Les voy a tocar una melodía de blues, espero que les guste”, suena entonces su armónica con un ritmo que invita a los pasajeros a mover el pie o la cabeza según convenga su posición, luego suena la guitarra y comienza a cantar improvisadamente acerca de lo que tiene a su alrededor. “La gente va al trabajo y algunos duermen harto, una chica se ve arreglando y el chofer se detiene en el alto” Es gracioso, más de uno sueltan una risita contagiosa al escuchar la melodía dedicada a ellos mismos. Yo como ya lo había escuchado antes no reparo mucho en él y sigo mi lectura.

Pero luego pasa algo diferente, comienza la segunda melodía y cuando comienza a cantar yo no puedo más que cerrar mi libro y repetir las palabras que él dice en mi mente. “Abrazar tu voz, penetrar en tu pequeño rincón, llorar junto a las estrellas más bellas” Yo pienso “Es SexFood” una canción que en verdad me agrada y que por supuesto no es muy conocida y mucho menos frecuente que se toque en un transporte público, en verdad me sorprende.

El chico termina y pasa a todos los asientos tratando de conseguir unas monedas de los pasajeros, yo sólo lo observo, pero él sigue teniendo esa mirada, así que sólo muestro un débil sonrisa mientras él se baja dándole las gracias al chofer. Llego a mi destino, pero más tarde retomo el viaje.

En el micro de la tarde me encuentro a una pareja, ella trae puesto un pants rojo y él uno negro, parece que vienen de correr, pero también parece que no les ha funcionado mucho el ejercicio porque debajo de sus ropas se distinguen los excesos de la grasa y carnes flácidas en donde debería de haber músculos.

Su plática capta toda mi atención, que a pesar del aullido de una ambulancia que pasa muy de cerca, puedo escuchar que hablan de una tercera persona, “El Chucho”, la mujer comentó que le había dado una receta para que no tuviera problemas con su cabello, había que preparar un remedio con grenetina y untárselo en el cabello, pero él no quería porque decía que “se le iban a parar las moscas en la cabeza”, aunque ella aseguraba que no.

Yo nunca supe si ella alguna vez había utilizado ese remedio, ya que su cabello estaba reseco, con tonos rubios y rojizos en las puntas, mientras que las raíces mostraban un negro natural. Además traía un chongo mal amarrado y pequeños cabellitos se le salían por todos lados, éstos parecían más bien pequeños resplandores dorados que salían de su cabeza.

Su acompañante le preguntó si “El Chucho” se había puesto el remedio de grenetina, y ella contestó que sí, que su cabello había quedado tan duro como si se le hubieran cuajado, a lo que yo no pude contener una pequeña sonrisa imaginando al “Chucho” con su cabello cuajado, llegué entonces a mi destino y más tarde tuve que emprender el camino de regreso al hogar.

Las horas pasan rápido y la oscuridad se intensifica a mi alrededor, esto me obliga a sacar los lentes de mi bolsa y ponérmelos instantáneamente. La noche surge en el momento menos esperado, ella trae consigo una especie de seres muertos en vida, caras sombrías, cuerpos rectos caminando unos tras otro, ojos que no ven, mentes sin pensar, sin poner atención a nada más que a su rítmico andar, los cuerpos se apretujan unos con otros cada vez más fuerte hasta que me siento asfixiada y me vuelvo parte de ellos, me integro a la masa expectante a que llegue el próximo tren, de nuevo me encuentro en el metro.

Las puertas del vagón abren seguidas de los empujones, con la competencia de conseguir un lugar es casi como un cuento de ciencia ficción, las señoras avientan sus bolsas, los niños corren, los señores empujan y enseguida se hacen los dormidos. Yo no tengo ánimos de entrar en esa carnicería y me quedo parada hasta que debo bajar y transbordar.

Se abren las puertas del vagón y puedo salir, casi empujada por la masa que adentro se aglutina, es entonces cuando veo algo no muy agradable, pero puedo pensar que cotidiano para un día como ese en la noche, en donde los jóvenes acostumbran ir a echar la copa y a veces excederse de los placeres que Dionisio nos envió. Sí, un chico de unos veinte años, totalmente ebrio, captado con mi mirada justamente en el momento donde su cara expresa una grotesca sensación, de su boca sale líquido espeso seguido de un sonido horrendo que me hace automáticamente voltear al otro lado y apretar mi paso.

Sigo mi camino, y al tomar el último trolebús del día llego a mi casa dispuesta a descansar de un día como cualquier otro, lleno de sorpresas y sueños hechos realidad.

viernes, octubre 13, 2006

UN DÍA DE METRO!!

Es muy interesante lo que pasa en el metro cuando hay mucha gente. Cómo todos se abalanzan sobre los asientos vacíos y luego se hacen los dormidos para no ceder el asiento.
Hoy estaba en mi divague... y cuando vi que el tren pasaba vagón por vagón a gran velocidad, lo estaba comparando con un juego de ruleta, donde todos esperamos ansiosos a que la puerta pare justamente frente a nosotros.
¿será cosa de suerte? No sé, todavía no lo he comprobado, pero siempre que un metro se va la gente que no se alcanza a subir se aglomera justamente en donde quedó la puerta del tren, para que en el siguiente entren primero y alcancen un buen lugar. Alguien sabe si eso sí funciona???? O es muy arbitrario el lugar donde para la puerta del vagón??
Bueno, pues mientras iba pensando en todo eso entré al vagón empujada por toda la masa detrás de mi.
AHHHH POR CIERTO!!!! ACABO DE RECORDAR QUE A UN SEÑOR SE LE CAYÓ EL ZAPATO JUSTO EN EL HUECO QUE QUEDA ENTRE EL TREN Y EL ANDÉN, JAJAJAJAJA. LA VERDAD QUE FUE MUY GRACIOSO, IMAGINENSE QUEDARSE SIN ZAPATO EN EL METRO, JAJAJAJA!!!!!...